jueves, 27 de enero de 2011

Doble Funeral Parte 3



TERCERA PARTE

I

De un lado a otro deambulaba esa mañana por el corredor de su casa S. Martínez, no se detenía en su caminado prolijo, fruncía la frente, apretaba sus puños… pensaba, recordaba, asimilaba toda la información que le habían proporcionado. Escribió unas cuantas invitaciones a los interesados, se supone que debían reunirse en el lugar de los hechos para escuchar la resolución del caso.

Previamente el detective realizó unas cuantas diligencias en la ciudad capital y partió a la cita.

Fue el primero en llegar, sólo él y Don Morales hubieron concurrido al lugar puntualmente, los demás fueron llegando paulatinamente. Una vez reunidos todos en la sala de la finca, lugar donde previamente había tenido lugar el funeral de Roberto, tomo la palabra el detective y anunció:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Algo desconcertante arribaba a mi mente a lo largo de este corto período, es demás decirles que no gastaré tiempo en detalles de los hechos, que de sobra son conocidos por todos los presentes. Sin embargo, es menester que ustedes sepan que es realmente algo insólito con lo que me he encontrado en este caso.

Las miradas de los asistentes le granjeaban cierta altura y distinción, era él quien tenía la palabra, la respuesta que todos ansiosos esperaban, nadie se inmutó siquiera cuando S. Martínez tomaba un respiro para continuar, era una habilidad innata, hablaba con tanto desparpajo que endulzaba los oídos del auditorio con sus argumentos.

Una llamada en el celular del detective lo interrumpió, musitó algunas respuestas… nadie alcanzó a diferenciar siquiera una sílaba. De repente cinco agentes de policía ingresaron abruptamente.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien damas y caballeros, tengo el honor de presentarles a la autoridad, conforme yo vaya presentando y actuando mis pruebas en mi discurso, las iremos realizando en compañía de los gendarmes; avalando sus acciones por las respectivas autorizaciones judiciales solicitadas con anterioridad – exclamó el detective.

Aurelio asombrado repuso:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Pero, esto es inoportuno, usted prometió no involucrar a las autoridades en la desaparición de Dolores.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En efecto, y no he roto mi promesa, usted y todos lo entenderán, luego, sólo escúcheme.

El aire de la habitación estaba enrarecido, todo muy atemorizante, la sola presencia de los agentes amedrentaba a la familia.

Una vez explicadas las reglas del decurso de la velada, tomo la palabra S. Martínez.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Este caso ha despertado en mí un interés exagerado, reuniendo las pruebas que ustedes mismos me han propiciado me atrevo a aseverar lo siguiente: - La muerte de Roberto como hemos ya conocido, no se ha tratado de un mero accidente como, incluso yo, tuvimos la desfachatez e ignorancia de calificarlo.

Samanta interrumpió diciendo:
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Pero ¿no es acaso de Dolores que estamos tratando?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Efectivamente - respondió el detective - pero señorita le diré que ambos casos tienen mucha conexión. El día de la investigación del óbito de su padre, encontré un pedazo de tela negra, al que mis colegas no le supieron dar la importancia que se merecía, tampoco yo sino hasta muy poco. Me comento Sofía que en una de sus caminatas matutinas de regreso a casa desde la iglesia, observó - el mismo día que se les informó de la muerte de Roberto – una persona que con capa negra corría y se alejaba, en la única vía, es decir esa persona se dirigía al mismo punto, o al menos en  igual dirección que su casa. Luego, he encontrado tal túnica en una de las habitaciones de la casa.

Las miradas se centraron aún más en el hablante.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Aurelio! – dijo el detective y posteriormente permaneció en silencio unos segundos para ver si alguien replicaba su argumento.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Yo? – preguntó alterado –  ¡en mi vida he tenido tal túnica!
<!--[if !supportLists]-->-                     <!--[endif]-->No se altere – le recomendó el detective – recuerde que un rompecabezas se arma de varias piezas y a veces los indicios nos llevan a ubicar una pieza en el lugar equivocado.- continuó- Lo que les quiero decir es que la muerte de Roberto fue provocado por alguien, alguien que ese día portó tal túnica y en la operación no se percató de la ruptura de un pedazo de su prenda. Se provocó esta muerte al embarazar la vía con un tronco, lo que obligó a Roberto a descarrilarse para no tropezar con el mismo. Esto debió haberlo hecho sin duda alguien con algún interés y conocimiento de que ese día él regresaba por esa, la única vía. ¿El móvil?, cuál sería el móvil me preguntarán ustedes. Si virtualmente estoy atribuyéndole el cometimiento del delito a uno de ustedes, no encontraría tan fácilmente un móvil si se supone que ustedes son su familia. Sin embargo, aunque odie usar esta expresión, la muerte de Roberto no fue más que un pretexto. Sí, un motivo para lograr unir a  Dolores con ustedes. Y es aquí cuando entra mi siguiente prueba; las notificaciones que se les extendieron a ustedes acerca de la muerte de Roberto fueron inesperadas, el asesino no sabía que las harían, no tan formalmente, y por ello se aventuró a escribir una carta a Aurelio, en nombre de Dolores informándole acerca de la muerte de Roberto y solicitando transporte para llegar al funeral. Pero el error que cometió el remitente fue la hora, ya que en ésta consta como hora las 9H00, mientras que en la notificación que recibió Dolores y la que ustedes mismo recibieron tenía escrita como hora las 09H30, es decir que sea quien sea que haya enviado la carta a Aurelio era el asesino. De lo cual yo puedo deducir que quien remitió esa carta lo hizo maliciosamente, pero sin saber que la hora era incongruente con los hechos, es decir con la notificación, con la finalidad de que esto se vea como un intento de Aurelio de justificar su presencia en el funeral, avisado por la persona a la que nunca se le hubiese podido preguntar si en efecto ella escribió tal misiva; pero tampoco Aurelio no llegó al funeral con Dolores, porque la hora estipulada era muy tardía y es sobrado decir que jamás iba a encontrarla a dicho momento.
Lo que me lleva a decir que la desaparición de Dolores, estaba ya planeada por quien escribió la carta y además intentó hacer sospechosa la presencia de Aurelio en el funeral y en el supuesto de que no se haya llegado a concretar la desaparición de Dolores, también una supuesta confabulación en el crimen de Roberto, como si ellos ya hubiesen sabido antes de ser notificados formalmente del crimen.
Sofía exclamó desconcertada: “Sin embargo, aún no sabemos nada de Dolores. Le solicito que se circunscriba a lo que hemos solicitado.”

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Precisamente, a allá me dirijo - repuso con tono alto. Pero además cual era la intención de atribuirle a Aurelio el crimen, y ello lo supe cuando visite a Dionisio. Mientras esperaba en su habitación encontré muchos libros, curiosamente Samanta me supo comentar que su hermano había pasado un tiempo en Alemania haciendo estudios de Derecho, fue ahí cuando entendí sus conocimientos básicos en esta ciencia. En especial un libro en alemán de Derecho Civil, al que me disculpo públicamente, le arranqué una página. Y cuando lo supe traducir entendí que se trataba de las causales que hacen perder los derechos a heredar, entre ellas matar al ascendiente del que se va a heredar. Es decir, quien haya, al menos, contribuido de cierta manera en la muerte de Roberto no puede heredar sus bienes. ¿Acaso Dionisio ya sospechaba de su hermano y quería ilustrarse acerca del tema para hacer valer la ley? Bien, no es esa la respuesta que he querido dar a esta interrogante. Dado que era un libro en alemán con el que seguramente Dionisio aprendió el Derecho Civil en este país, se supone que esto ya lo había leído, es decir ya lo conocía, y tal vez era él quien quería  disfrazar todo para que, aparentemente, su hermano sea el asesino y así poder agrandar su porción de herencia. Pero, por qué lo escogería a él y no a cualquier otra de sus hermanas, pues bien,  cuando hable con Marta me supo decir que a Amelia la consideraban como su hermana ciento por ciento, todos. Claudia por su parte, me informó acerca del distanciamiento que tuvo Aurelio del resto de su familia por cuanto Dionisio le reclamó el desinterés que expresaba él por su madre.
Prácticamente todo estaría planeado según su intención, la herencia no saldría del hogar familiar de Sofía, incluso ni siquiera por Amelia, porque él sabía, ya que su madre se lo dijo, que si la niña quedaba desamparada, ella si la recibiría. Entonces debía resolver como hacer desaparecer a Dolores  y que la responsabilidad recaiga sobre Aurelio.
Cuando entrevisté a Don Morales, me percaté de su sortija, exactamente igual a la de matrimonio de Sofía. Las coincidencias existen, pero son remotas. Me llevó al lugar donde lo halló, y es verdad que sospeché de él por cuanto vive en esta finca y pudo haber participado en el asesinato de Roberto, pero Sofía me supo decir que Roberto llevó el anillo cuando estaba en su ataúd. Y hubiese sido un poco tonto de su parte tomarlo luego ya que se hubiese implicado a sí mismo.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Ahora mis queridos amigos, les invito a pasar al jardín, el lugar donde yo he encontrado algo insólito.

Todos los concurrentes siguieron al detective, quien los hizo sentarse en unas sillas ubicadas alrededor de una excavación que hacían los gendarmes. Una vez que se hizo una breve introducción se mostró algo inesperado, estaba ahí: el cuerpo de Roberto.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No puede ser – gritó  conturbada Marta – ¿de qué se trata todo esto? ¡exijo una explicación!.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->
Todo fue tan desconcertante para la familia que nadie pudo hablar por un largo período.

¡Clac! Se esposó a Dionisio, quien había intentado escapar.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Una vez que ya está demás sentado quien es el asesino, me queda decir que con la Orden de Exhumación que les presento, he dispuesto  abrir la tumba donde se creía reposaba Roberto – hizo una señal y dos gendarmes trajeron el ataúd que ya lo tenían en uno de los coches policiales. El cuerpo de Dolores yacía dentro.

Continuó y finalizó su discurso de la siguiente manera.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->El anillo de Roberto sin duda se cayó cuando se lo enterró en este jardín, ustedes saben que el cuerpo del muerto tiende a demacrarse, hacerse más enjuto. Cuando Don Morales vino a buscar sus herramientas con las que se excavó para enterrar a Roberto, encontró el anillo y lo tomó.

Samanta interpeló al detective:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Finalmente cómo sucedió la muerte de Dolores?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En respuesta a ello, te diré que el autor del crimen fue muy audaz. Adjunto a la túnica negra encontré un pañuelo que tenía impregnado el olor de un químico putrefacto, sin duda con ello fue sedada y luego asfixiada Dolores, sin embargo los vestigios de la responsabilidad criminal que recaen sobre su hermano reposan en que al parecer alcanzó a aspirar un poco del compuesto químico y por ello cuando lo visité para interrogarlo me hizo saber que no pudo adelantar su trabajo porque había estado mareado y descanso los días previos



II

Se encontraba S. Martínez en su jardín cuando de repente ingresó su gran amigo alemán con un periódico en la mano.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Supongo que debo felicitarlo – le dijo con entusiasmo – no hay primera plana que no se deba a su gran hazaña este día.
El detective tomó el periódico y en efecto vio su foto en los titulares.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Es realmente una sorpresa para mí – respondió emocionado el detective – no pensé que este momento llegaría tan pronto.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No estoy seguro pero a mi parecer es el primer fiscal en diez años al que se le honra de tal manera.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡No! – repuso firmemente S. Martínez – no ha sido como fiscal, sino como detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Qué quiere decir amigo?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Dejaré la fiscalía, creo que más que mi trabajo, esto es mi vocación.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Es usted orate? – interrogó inquieto Luffganth, ya se ha ganado prestigio, que más requiere ahora.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No me entiende, esta operación la he llevado con libertad con mi propio método y no con el que en la institución se impone, por ello ha sido tan fructífera.  Recuerde amigo no siempre lo ordenado es más rápido ni tampoco lo que se ve pasar es lo único que sucede, deje volar su imaginación, figúrese hasta lo más remoto en su cabeza y deduzca, es placentero…

FIN

2 comentarios:

  1. Exelente !!!
    gran cuento amigo !!
    pienso que en el discurso final, impregnaste rasgos de tus discursos con eso le diste mas vida, interes y elocuencia ademas del la forma metodica con la que explica los hechos, con los que poco a pococ el lector concatena ciertos detalles que no los habia considerado importates ...
    Felicitaciones!!

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  2. si eso es la sensación que buscaba....
    Aunque el sospechoso no es dificil de encontrar, pero lo insólito o inesperado lo puse en los hechos, los actos... y la concordancia que el acto priuncipal tiene con el título.

    Gracias amigo!!

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