jueves, 27 de enero de 2011

Doble Funeral Parte 3



TERCERA PARTE

I

De un lado a otro deambulaba esa mañana por el corredor de su casa S. Martínez, no se detenía en su caminado prolijo, fruncía la frente, apretaba sus puños… pensaba, recordaba, asimilaba toda la información que le habían proporcionado. Escribió unas cuantas invitaciones a los interesados, se supone que debían reunirse en el lugar de los hechos para escuchar la resolución del caso.

Previamente el detective realizó unas cuantas diligencias en la ciudad capital y partió a la cita.

Fue el primero en llegar, sólo él y Don Morales hubieron concurrido al lugar puntualmente, los demás fueron llegando paulatinamente. Una vez reunidos todos en la sala de la finca, lugar donde previamente había tenido lugar el funeral de Roberto, tomo la palabra el detective y anunció:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Algo desconcertante arribaba a mi mente a lo largo de este corto período, es demás decirles que no gastaré tiempo en detalles de los hechos, que de sobra son conocidos por todos los presentes. Sin embargo, es menester que ustedes sepan que es realmente algo insólito con lo que me he encontrado en este caso.

Las miradas de los asistentes le granjeaban cierta altura y distinción, era él quien tenía la palabra, la respuesta que todos ansiosos esperaban, nadie se inmutó siquiera cuando S. Martínez tomaba un respiro para continuar, era una habilidad innata, hablaba con tanto desparpajo que endulzaba los oídos del auditorio con sus argumentos.

Una llamada en el celular del detective lo interrumpió, musitó algunas respuestas… nadie alcanzó a diferenciar siquiera una sílaba. De repente cinco agentes de policía ingresaron abruptamente.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien damas y caballeros, tengo el honor de presentarles a la autoridad, conforme yo vaya presentando y actuando mis pruebas en mi discurso, las iremos realizando en compañía de los gendarmes; avalando sus acciones por las respectivas autorizaciones judiciales solicitadas con anterioridad – exclamó el detective.

Aurelio asombrado repuso:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Pero, esto es inoportuno, usted prometió no involucrar a las autoridades en la desaparición de Dolores.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En efecto, y no he roto mi promesa, usted y todos lo entenderán, luego, sólo escúcheme.

El aire de la habitación estaba enrarecido, todo muy atemorizante, la sola presencia de los agentes amedrentaba a la familia.

Una vez explicadas las reglas del decurso de la velada, tomo la palabra S. Martínez.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Este caso ha despertado en mí un interés exagerado, reuniendo las pruebas que ustedes mismos me han propiciado me atrevo a aseverar lo siguiente: - La muerte de Roberto como hemos ya conocido, no se ha tratado de un mero accidente como, incluso yo, tuvimos la desfachatez e ignorancia de calificarlo.

Samanta interrumpió diciendo:
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Pero ¿no es acaso de Dolores que estamos tratando?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Efectivamente - respondió el detective - pero señorita le diré que ambos casos tienen mucha conexión. El día de la investigación del óbito de su padre, encontré un pedazo de tela negra, al que mis colegas no le supieron dar la importancia que se merecía, tampoco yo sino hasta muy poco. Me comento Sofía que en una de sus caminatas matutinas de regreso a casa desde la iglesia, observó - el mismo día que se les informó de la muerte de Roberto – una persona que con capa negra corría y se alejaba, en la única vía, es decir esa persona se dirigía al mismo punto, o al menos en  igual dirección que su casa. Luego, he encontrado tal túnica en una de las habitaciones de la casa.

Las miradas se centraron aún más en el hablante.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Aurelio! – dijo el detective y posteriormente permaneció en silencio unos segundos para ver si alguien replicaba su argumento.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Yo? – preguntó alterado –  ¡en mi vida he tenido tal túnica!
<!--[if !supportLists]-->-                     <!--[endif]-->No se altere – le recomendó el detective – recuerde que un rompecabezas se arma de varias piezas y a veces los indicios nos llevan a ubicar una pieza en el lugar equivocado.- continuó- Lo que les quiero decir es que la muerte de Roberto fue provocado por alguien, alguien que ese día portó tal túnica y en la operación no se percató de la ruptura de un pedazo de su prenda. Se provocó esta muerte al embarazar la vía con un tronco, lo que obligó a Roberto a descarrilarse para no tropezar con el mismo. Esto debió haberlo hecho sin duda alguien con algún interés y conocimiento de que ese día él regresaba por esa, la única vía. ¿El móvil?, cuál sería el móvil me preguntarán ustedes. Si virtualmente estoy atribuyéndole el cometimiento del delito a uno de ustedes, no encontraría tan fácilmente un móvil si se supone que ustedes son su familia. Sin embargo, aunque odie usar esta expresión, la muerte de Roberto no fue más que un pretexto. Sí, un motivo para lograr unir a  Dolores con ustedes. Y es aquí cuando entra mi siguiente prueba; las notificaciones que se les extendieron a ustedes acerca de la muerte de Roberto fueron inesperadas, el asesino no sabía que las harían, no tan formalmente, y por ello se aventuró a escribir una carta a Aurelio, en nombre de Dolores informándole acerca de la muerte de Roberto y solicitando transporte para llegar al funeral. Pero el error que cometió el remitente fue la hora, ya que en ésta consta como hora las 9H00, mientras que en la notificación que recibió Dolores y la que ustedes mismo recibieron tenía escrita como hora las 09H30, es decir que sea quien sea que haya enviado la carta a Aurelio era el asesino. De lo cual yo puedo deducir que quien remitió esa carta lo hizo maliciosamente, pero sin saber que la hora era incongruente con los hechos, es decir con la notificación, con la finalidad de que esto se vea como un intento de Aurelio de justificar su presencia en el funeral, avisado por la persona a la que nunca se le hubiese podido preguntar si en efecto ella escribió tal misiva; pero tampoco Aurelio no llegó al funeral con Dolores, porque la hora estipulada era muy tardía y es sobrado decir que jamás iba a encontrarla a dicho momento.
Lo que me lleva a decir que la desaparición de Dolores, estaba ya planeada por quien escribió la carta y además intentó hacer sospechosa la presencia de Aurelio en el funeral y en el supuesto de que no se haya llegado a concretar la desaparición de Dolores, también una supuesta confabulación en el crimen de Roberto, como si ellos ya hubiesen sabido antes de ser notificados formalmente del crimen.
Sofía exclamó desconcertada: “Sin embargo, aún no sabemos nada de Dolores. Le solicito que se circunscriba a lo que hemos solicitado.”

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Precisamente, a allá me dirijo - repuso con tono alto. Pero además cual era la intención de atribuirle a Aurelio el crimen, y ello lo supe cuando visite a Dionisio. Mientras esperaba en su habitación encontré muchos libros, curiosamente Samanta me supo comentar que su hermano había pasado un tiempo en Alemania haciendo estudios de Derecho, fue ahí cuando entendí sus conocimientos básicos en esta ciencia. En especial un libro en alemán de Derecho Civil, al que me disculpo públicamente, le arranqué una página. Y cuando lo supe traducir entendí que se trataba de las causales que hacen perder los derechos a heredar, entre ellas matar al ascendiente del que se va a heredar. Es decir, quien haya, al menos, contribuido de cierta manera en la muerte de Roberto no puede heredar sus bienes. ¿Acaso Dionisio ya sospechaba de su hermano y quería ilustrarse acerca del tema para hacer valer la ley? Bien, no es esa la respuesta que he querido dar a esta interrogante. Dado que era un libro en alemán con el que seguramente Dionisio aprendió el Derecho Civil en este país, se supone que esto ya lo había leído, es decir ya lo conocía, y tal vez era él quien quería  disfrazar todo para que, aparentemente, su hermano sea el asesino y así poder agrandar su porción de herencia. Pero, por qué lo escogería a él y no a cualquier otra de sus hermanas, pues bien,  cuando hable con Marta me supo decir que a Amelia la consideraban como su hermana ciento por ciento, todos. Claudia por su parte, me informó acerca del distanciamiento que tuvo Aurelio del resto de su familia por cuanto Dionisio le reclamó el desinterés que expresaba él por su madre.
Prácticamente todo estaría planeado según su intención, la herencia no saldría del hogar familiar de Sofía, incluso ni siquiera por Amelia, porque él sabía, ya que su madre se lo dijo, que si la niña quedaba desamparada, ella si la recibiría. Entonces debía resolver como hacer desaparecer a Dolores  y que la responsabilidad recaiga sobre Aurelio.
Cuando entrevisté a Don Morales, me percaté de su sortija, exactamente igual a la de matrimonio de Sofía. Las coincidencias existen, pero son remotas. Me llevó al lugar donde lo halló, y es verdad que sospeché de él por cuanto vive en esta finca y pudo haber participado en el asesinato de Roberto, pero Sofía me supo decir que Roberto llevó el anillo cuando estaba en su ataúd. Y hubiese sido un poco tonto de su parte tomarlo luego ya que se hubiese implicado a sí mismo.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Ahora mis queridos amigos, les invito a pasar al jardín, el lugar donde yo he encontrado algo insólito.

Todos los concurrentes siguieron al detective, quien los hizo sentarse en unas sillas ubicadas alrededor de una excavación que hacían los gendarmes. Una vez que se hizo una breve introducción se mostró algo inesperado, estaba ahí: el cuerpo de Roberto.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No puede ser – gritó  conturbada Marta – ¿de qué se trata todo esto? ¡exijo una explicación!.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->
Todo fue tan desconcertante para la familia que nadie pudo hablar por un largo período.

¡Clac! Se esposó a Dionisio, quien había intentado escapar.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Una vez que ya está demás sentado quien es el asesino, me queda decir que con la Orden de Exhumación que les presento, he dispuesto  abrir la tumba donde se creía reposaba Roberto – hizo una señal y dos gendarmes trajeron el ataúd que ya lo tenían en uno de los coches policiales. El cuerpo de Dolores yacía dentro.

Continuó y finalizó su discurso de la siguiente manera.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->El anillo de Roberto sin duda se cayó cuando se lo enterró en este jardín, ustedes saben que el cuerpo del muerto tiende a demacrarse, hacerse más enjuto. Cuando Don Morales vino a buscar sus herramientas con las que se excavó para enterrar a Roberto, encontró el anillo y lo tomó.

Samanta interpeló al detective:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Finalmente cómo sucedió la muerte de Dolores?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En respuesta a ello, te diré que el autor del crimen fue muy audaz. Adjunto a la túnica negra encontré un pañuelo que tenía impregnado el olor de un químico putrefacto, sin duda con ello fue sedada y luego asfixiada Dolores, sin embargo los vestigios de la responsabilidad criminal que recaen sobre su hermano reposan en que al parecer alcanzó a aspirar un poco del compuesto químico y por ello cuando lo visité para interrogarlo me hizo saber que no pudo adelantar su trabajo porque había estado mareado y descanso los días previos



II

Se encontraba S. Martínez en su jardín cuando de repente ingresó su gran amigo alemán con un periódico en la mano.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Supongo que debo felicitarlo – le dijo con entusiasmo – no hay primera plana que no se deba a su gran hazaña este día.
El detective tomó el periódico y en efecto vio su foto en los titulares.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Es realmente una sorpresa para mí – respondió emocionado el detective – no pensé que este momento llegaría tan pronto.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No estoy seguro pero a mi parecer es el primer fiscal en diez años al que se le honra de tal manera.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡No! – repuso firmemente S. Martínez – no ha sido como fiscal, sino como detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Qué quiere decir amigo?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Dejaré la fiscalía, creo que más que mi trabajo, esto es mi vocación.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Es usted orate? – interrogó inquieto Luffganth, ya se ha ganado prestigio, que más requiere ahora.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No me entiende, esta operación la he llevado con libertad con mi propio método y no con el que en la institución se impone, por ello ha sido tan fructífera.  Recuerde amigo no siempre lo ordenado es más rápido ni tampoco lo que se ve pasar es lo único que sucede, deje volar su imaginación, figúrese hasta lo más remoto en su cabeza y deduzca, es placentero…

FIN

Doble Funeral Parte 2

SEGUNDA PARTE


I

Entrevista con Marta

Muy temprano en la mañana del martes S. Martínez decidió visitar a Marta en la universidad donde ella dictaba clases de literatura, con el objeto de obtener de ella, así como lo haría posteriormente de cada uno, información de Dolores, a diferencia de los trabajos investigativos que podría realizar la policía, él pensaba que su desaparición podía responder a una decisión voluntaria y que por ende, debía buscar datos de ella que lo lleven a algún lugar donde posiblemente estaría; o de tratarse de un rapto o secuestro quería enterarse lo los últimos acontecimientos para dar con la localización de la desaparecida.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Hace cuanto que ella pertenece a su familia - inquirió el detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Marta dirigió su mirada al techo para pensar su respuesta - deben ser unos 4 años - dudó – no, 5 exactamente, lo recuerdo por ser la fecha de separación de mis padres.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Quiere decir que a causa de Dolores, sus padres están divorciados?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No sé como funcione el sistema legal, pero nunca hicieron algún trámite jurídico para tal separación simplemente mi padre dejó la casa.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Ya veo! y que hay de Amelia, su media hermana… - bajó un poco el volumen de su voz al decir este último par de palabras.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Mi hermana - repuso fuerte y directamente - es muy querida por todos, realmente por todos, claro está salvo por mi madre que ha decidido no tener un acercamiento, pero creo que sus razones son válidas.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sí es comprensible, pero he escuchado que aceptó que viva con ustedes hasta que aparezca su madre.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En efecto, usted comprenderá que Amelia no tiene a nadie más que a su madre y nosotros, no tiene ningún otro pariente. Y pues usted conoce como es el pensamiento de mi madre, sus principios le impedirían abandonar a un infante en tales circunstancias.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Es decir, ¿que ustedes ya sabían que ella iba a aceptar cuando se lo preguntaron?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No, absolutamente, fue Dionisio quien le preguntó, aseguró de antemano que la respuesta sería afirmativa.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien, ha sido usted muy gentil; una última pregunta ¿Cuando vio por última vez a Dolores?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Fue cuando le pedí que permaneciera al siguiente día para las explicaciones del abogado. No note nada raro en ella esa noche, es extraño que haya decidido abandonarnos.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Usted cree que ella ha desaparecido por propia voluntad?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No encuentro otra explicación.

Una desentonada alarma interrumpió a los hablantes.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Mire, tengo clases en este momento. Si desea puede esperarme y con gusto absolveré todas sus interrogantes - dijo ella apresuradamente.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No - respondió él - no es necesario ya he preguntado lo suficiente. Buen día. Adiós.



II

Entrevista con Claudia

Llegó con un trote desaforado hasta la residencia de Claudia y Aurelio. Llamó a la puerta y una mujer esbelta le atendió.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Buenos días, puedo ayudarte - y condujo su mirada hacía el piso al realizar que se había dirigido en segunda persona al detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Estoy buscando a Aurelio Camposanto, por favor.
<!--[if !supportLists]-->-                     <!--[endif]-->No se encuentra, está en su trabajo.
<!--[if !supportLists]-->-                     <!--[endif]-->¿Es usted su esposa? - arqueó las cejas - ¿Podría yo hacerle unas preguntas si no le molesta?

Ella se sintió importante por aquel momento e inmediatamente aceptó.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Conocía usted a Dolores?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Claro que la conocía, tenía una buena amistad con ella y mi esposo también. ¿Por qué ha sido esa pregunta?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Entenderá que debo guardarme ciertas reservas, pero en resumen ella ha desaparecido. - continuó su entrevista - ¿Y qué diría de los demás hermanos Camposanto, tenían una buena relación con ella?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Al parecer sí, claro que no tan buena como la nuestra con ella.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Existe algún hecho generador para tal circunstancia?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sí, hace mucho tiempo mi esposo recibió una crítica por parte de su hermano, que al parecer era el sentir de todos ellos. Esa fue la razón para que hayamos decidido acercarnos un poco más a ella, porque en su hogar nos sentíamos bien recibidos.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Quiere decir que en la casa de Sofía no se sentían así?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En parte, una vez Dionisio le reclamo el supuesto abandono y despreocupación que Aurelio tenía con su madre y hermanas; pero en realidad sólo era que el trabajo de mi marido no le daba tiempo para visitarlos frecuentemente.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Entiendo. ¿Hay algún otro dato que me pueda proporcionar de ella?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Creo que no le he proporcionado información útil para el caso y no creo tenerla, lo siento.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No se preocupe, me ha ayudado mucho, que tenga un lindo día.


III

Entrevista con Aurelio.

Por un poco más de treinta minutos tuvo que esperar S. Martínez en el despacho de Aurelio, quien se encontraba en una reunión laboral. Irrumpió rápidamente en la oficina y con presteza saludó al detective, le explico que disponía de diez minutos para el acto.

Con brevedad se inició el interrogatorio.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Entiendo que usted goza de una muy buena relación con Dolores, ¿tal vez ustedes hablaron o ella le comentó algo insinuante a su desaparición en el funeral de su padre?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No. La verdad es que no tuve la oportunidad de platicar con ella en el funeral, es más ni siquiera pude llevarla como me lo había solicitado en su carta.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Una carta? - se acercó un poco más a Aurelio y entrecerró los ojos, este tipo de pruebas le intrigaban porque le daban un tinte  novelístico al asunto.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sí, fue ella quien me supo notificar del fallecimiento de mi padre. En ella me pidió que pase a buscarla, sin embargo, cuando llegué a su casa ya no estaba, y no estuve tarde, aunque sea difícil de creer. Aún la conservo, ¿desea apreciarla?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sería pertinente - estiró la mano para recoger el sobre que se le entregaba cuando una joven hermosa irrumpió en la oficina anunciando una reunión para Aurelio.

Ofreciendo disculpas se retiró Aurelio y le dijo que si desea lo podía esperar, que no tardaría.

Sentado en la misma oficina S. Martínez decidió abrir el sobre. Y leyó:

            Quito, 24 de noviembre 09h00

            Sr. Aurelio Camposanto.
            Presente

No es mi intención hacerle llegar malas noticias, pero considero que es necesario que lo conozca. Esta mañana se me ha informado acerca del óbito de su padre.
Sé que es demás lamentable, no sabe la congoja que me embarga.
El funeral tendrá lugar en la finca de Roberto vía al litoral. Sabe que no tengo medios para llegar, así que le solicito me recoja a las 14 horas en mi casa.

            Mi sentido pésame.

            Dolores.
           

Hubo terminado de leer la carta, la conservó y abandonó la empresa.




IV

ENTREVISTA CON SOFÍA

Tomó un taxi para dirigirse a la residencia de la familia Camposanto, y así entrevistar al resto.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Buenos días, ¿a dónde desea que lo lleve? - demandó el chofer.
Sacó un papel doblado de su chaqueta y leyó la dirección. Durante todo el trayecto no se hablaron, S. Martínez se dedicó a divagar acerca del pendiente. Luego se dedicó a ver los paisajes urbanos; de repente divisó a pocos metros a Sofía, quien se disponía entrar a la iglesia.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Deténgase - dijo apresuradamente - ¡me quedaré aquí!  - y se apeó.

Entró a la iglesia solo un minuto después, pero fue el tiempo suficiente para llegar tarde, Sofía ya se había sentado entre las primeras sillas y la ceremonia ya había empezado. S. Martínez observó un auditorio concentrado en las palabras del sacerdote y también alcanzó a distinguir a Sofía. Dado que ya había ingresado, hizo un movimiento de genuflexión - simplemente por cortesía y por imitar a los demás atrasados que iban recién ingresando - y tomó asiento entre las últimas bancas, debía esperar a la clausura de la misa para entrevistar a Sofía.

El detective no paraba de mirar su reloj una y otra vez. Al fin todos se pusieron de pie y se anunció el final. Sofía se dirigía a la puerta, cuando sintió una palmada en el hombro y escuchó una voz:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Buenas tardes!, me regala unos minutos, por favor.

Ella sin voltearse sintió una intriga inmensa ya que no reconoció la voz de S. Martínez. Giró y aceptó con la cabeza.

Él la tomó del brazo y la llevó hasta una de las bancas de la Iglesia. Titubeó al introducir la conversación y se disculpó de antemano si posiblemente ella llegase a sentirse incomoda por la persona de quien tratase la conversación. Sabía cómo endulzar la situación para ganarse la confianza de cada persona, y, según pensó, ella es una de aquellas a la que hay que tratarlas con delicadeza y elogios. Comenzó:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Es usted una persona muy entregada a su fe por lo que veo, eso hace hablar bien de una dama. Por los atuendos que utiliza el día de hoy se podría pensar que asiste a la más elegante de las ceremonias. Las joyas, el peinado, todo en armonía - Dijo el detective con suavidad.

Sofía se ruborizo ligeramente  y respondió:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No es nada de eso, y tiene usted razón cuando ha dicho que asisto a la más importante de las ceremonias - tomó un respiro y prosiguió - por lo de las joyas, le digo que no es para tanto, la única joya que llevo es este anillo que guarda un significado muy grande para mí.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Ya veo! ¿Lo heredó de alguien?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No, en realidad es la sortija de mi boda - anunció con ilusión.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Disculpe mi intromisión ¿Por qué aún la conserva? - inquirió sigiloso el detective

En un acto de reminiscencia Sofía contó:

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Fue una promesa, que nos hicimos Roberto y yo, nos juramos nunca retirarnos estas sortijas. Podrá usted apreciar que no es una joya ostentosa, es simple pero valiosa ello se debe a que tanto la suya como la mía son exactamente iguales, y llevan grabadas nuestras iniciales al interior.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Aún estando unido a otra persona, ¿su marido la conservó?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sí, incluso en su funeral pude constatar de que la llevaba puesta, Dolores nunca se opuso a ese detalle. La verdad no sé si ella lo quería realmente.

“Bien, creo que al fin hemos entrado a lo que me interesaba” - pensó el detective.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Por qué dice eso?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No sé. Pienso que ella solo ha tenido un interés económico en Roberto y nunca lo amó de verdad, por ello no me extrañaría que ahora que él ha fallecido, ella busque unirse a alguien más - dijo con desdén
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Tenía algún sentimiento en contra de ella?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Aunque debería ser así porque fue la causante de la terminación de mi felicidad y la de mi familia, no. Creo que en mi corazón no podría albergar sentimiento de odio en contra de nadie - terminó de decir aquello y se persignó.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Apoya usted la tesis de que ella desapareció por voluntad?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Piensa hacerse cargo de Amelia?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No lo sé, no la puedo desamparar, eso sería inhumano.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Alguien la presionó para aceptar, o tal vez sus hijos la convencieron?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No, una vez lo dije y Dionisio me lo recordó cuando sucedió la desaparición de Dolores. Le dije que la única manera de conciliar una relación con la menor, sería si estuviera completamente desamparada. Nunca pensé que le pondría él tanta atención a mis palabras.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Ya ve usted! las sorpresas vienen de quien uno menos se espera.

Se puso de pie y le comentó que debía seguir con su trabajo en su casa, aún debía entrevistar a Samanta y a Dionisio. Cambiaron el tema y partieron rumbo a la residencia de la familia Camposanto.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Esta vía es totalmente desolada en las mañanas sabe - dijo ella para romper el silencio.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Acostumbra a transitarla a tal hora?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No, solo los domingos que asisto a la primera misa. Justo el día que nos anunciaron de la muerte de Roberto, pasó algo insólito.
S. Martínez la regresó a ver  intrigado.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿A qué se refiere? – preguntó.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No quisiera aburrirlo con estas cosas, además creo que ya presagié el infortunio y por ello me sugestioné y creí ver lo que vi.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Qué vio?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Solo alcance a divisar una silueta de una persona que usaba una prenda negra, como una túnica, y corría, se alejaba, corría muy rápido.

La historia intrigó al detective. Llegaron a la casa. Sofía anunció su llegada y la del invitado, quien esperó en la sala hasta que baje Samanta quien sería la primera en entrevistarse.




V

ENTREVISTA CON SAMANTA

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Buscaré ser breve – introdujo S. Martínez.  - ¿Qué tipo de relación tenía usted con la desaparecida?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->La verdad muy buena, no podría decir la mejor, pero sí bastante agradable.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿No le molestaba que sea el remplazo de su madre?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No diga eso, por favor – dijo con voz suplicante mientras constantemente volteaba la vista para supervisar a Amelia que se encontraba en la misma pieza y jugaba en el piso – ella nunca buscó granjearse tal posición.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Entonces, ¿me está diciendo que entre ella y su madre tenían una buena relación?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No realmente. Eran indiferentes la una con la otra.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Nunca se han hablado?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Solo una vez, pero fue accidental, ni la una ni la otra sabía quién era la persona con quien conversaba.

El detective se intrigó e hizo un ademán para dar a entender a Samanta que continuara.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Fue en el aeropuerto, cuando Dionisio iba a partir a Alemania para estudiar derecho, mi madre acudió a despedirlo, como era obvio, pero por alguna razón que aún no alcanzo a explicarme también concurrió Dolores, pero no junto con mi padre, ya que él decidió no llevarla. Era muy común que ella no asista a los eventos o reuniones donde iba mi madre, creo que es cortés de su parte. Y dado, que nunca se habían visto, ni siquiera por fotos, no iban a poder identificarse y por accidente entablaron una pequeña conversación.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Cuánto tiempo permaneció su hermano en Alemania?

El semblante de Samanta se frunció de sorpresa, no encontraba conexidad entre la pregunta y el caso.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Alrededor de un año, no terminó sus estudios.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Alguna razón en especial para su deserción?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Nos supo decir que se equivocó, que el derecho no era su vocación y que se dedicaría a hacer algo totalmente diferente aquí en Ecuador.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sólo una última pregunta: ¿Cree usted que Dolores ha desparecido por su propia voluntad?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->La verdad sí, lo creo. Me parece que al verse sin mi padre ha visto en riesgo su futuro y no ha querido permanecer con Amelia por ello. Decidió aventurase a lo que siempre deseó. ¡Amelia! – gritó ella - ¡no juegues con eso! Lo siento mucho, pero debo ocuparme de ella.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Entiendo, muchas gracias me ayudó demasiado. ¡Qué tenga un buen día!




VI

ENTREVISTA CON DIONISIO

¡Toc – toc!

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Adelante! – respondió una voz grave desde adentro de la habitación.

El detective ingresó en el cuarto y observó a Dionisio sentado en su escritorio haciendo cuentas.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Pase! - dijo él con amabilidad – Le pido cinco minutos debo terminar un informe de la administración de la finca de mi padre, no he podido trabajar ayer me he encontrado indispuesto.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Claro! - respondió S. Martínez - tómese el tiempo que necesite.

Al mirar un gran librero en el otro lado de la pieza, se dirigió hacia este para revisar las imágenes y los títulos grandes de los libros que fueran de su atracción, sólo tenía pues cinco minutos.
Literatura, historia, Derecho… ¿Derecho?... Martínez quien tenía básicos conocimientos del alemán intentó leer la primera página del libro de Derecho Civil, pero no lo entendió. Frustrado, decidió pasar las páginas como abanico y se encontró con una página que estaba subrayada con tinta fosforescente.  Entendió sólo una palabra del título “Herencia”. Regresó la vista a Dionisio, quien aún se encontraba absorto en su trabajo. Dudó un momento y ¡scrash! Arrancó la página. “¡Martínez!” Oyó una voz grave que lo llamaba. Cerró los ojos y frunció la frente, se sintió culpable. Volteó lentamente y miró al suelo.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Martínez, venga ya! He terminado…

Esa voz lo alivió y se acercó de inmediato. Comenzó la entrevista.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Cómo era su relación con Dolores?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->La verdad no muy buena, nunca le di mucho espacio, no lo creí justo.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Dice eso por su madre? ¿Por ello no lo veía justo?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->En parte es así. – Su laconismo enervaba el interés del detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Cree usted que su desaparición es voluntaria?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No.

El detective enarcó las cejas.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Dice que fue secuestrada?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Sí, no me cabe la menor duda.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Tiene algún fundamento para aseverar tal cosa?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Ninguno que le sirva a usted, pero no entendería por qué podría ella abandonar su antigua vida, ¿Cuál sería el sentido?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Su hermana sostiene que puede ser por la muerte de su padre y por ello se ha visto aterrorizada. ¿No contempla usted esa posibilidad?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Dolores, a pesar de no parecerlo, era inteligente en la medida de sus capacidades, sabía que algo le correspondía.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Tiene idea de las actividades que ella realizaba a diario?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No mucho, sólo sé que no trabajaba, se ocupaba de mi hermana.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien, muchas gracias, lo dejo que siga con su trabajo y le deseo que se mejore. ¿Con qué ha estado usted enfermo Dionisio? – preguntó el detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->He tenido un poco de mareo simplemente, pero ya estoy convaleciendo. Hasta luego que tenga un buen día.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->

VII

ENTREVISTA A DON MORALES

S. Martínez salió de la casa de la familia Camposanto, y de inmediato decidió dirigirse a la finca, sabía que ahí se encontraba el último testimonio y podría armar el rompecabezas por completo. Se preocupaba por no saber realmente donde estaría Dolores, y que la información proporcionada no le ayudase demasiado, pero algo le decía que estaba tras la pista de algo realmente interesante y por ello, no le importaba estar ocupando el tiempo de sus vacaciones.
Cuatro horas de viaje le ayudaron a esclarecer y poner en orden las ideas.
Al llegar encontró a Don Morales que se encontraba recogiendo sus herramientas para guardarlas en el balde de su camioneta. Se encontraba un poco enfurecido y refunfuñaba. Al ver la llegada del detective se sacudió el polvo de sus prendas y le extendió un apretón de manos.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Acepte mis disculpas por recibirlo en tales condiciones. Esta mañana me he dispuesto a trabajar como normalmente lo hago, pero no he encontrado todas mis herramientas en su sitio. – explicó el trabajador.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡No se preocupe! - repuso Martínez - solo pienso hacerle un par de preguntas y luego desearía inspeccionar la casa.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Excelente! Con gusto le ayudaré – se emocionó al considerarse importante para la resolución del caso.

Siguieron caminando por el pasto e iban entablando una conversación.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Vio usted llegar a Dolores, el día del funeral y cuando fue la última vez que la vio ese día?

Don Morales abrió el grifo de agua de un lavatorio rupestre, se retiró un par de anillos que llevaba en las manos, los colocó en el borde y se las lavó, al mismo tiempo contestó.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->La verdad no pude percatarme de la hora exacta, pero si la vi llegar. Y me retiré temprano ese día por lo que puedo asegurar que cuando yo me ausenté ella permanecía en la casa.

El detective observó uno de los anillos, brillante, de oro. Lo reconoció. Era exactamente igual al de Sofía. ¡Se creyó loco!, pero todo era importante así que preguntó.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Dónde ha comprado ese anillo?

Morales tartamudeó.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Ehh… ¿este… este anillo? No, no, no lo he comprado yo. Me lo encontré. Eso, ¡me lo encontré esta mañana para ser preciso!
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Dónde se lo encontró? – dijo el detective mirándolo fijamente a los ojos.

Morales se intimidó.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Fui esta mañana a buscar mis herramientas y al recogerlas encontré esta sortija, me pareció valiosa por ello la tomé. ¿Hice mal?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No, no pero podría llevarme hasta el lugar exacto de donde la encontró por favor.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Con gusto. ¡Acompáñeme!

Llegaron, y Martínez sigilosamente examino el lugar. Vio una pequeña desproporción en el terreno, algo artificial. No dijo nada y escribió en su libreta.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Existe alguna razón para que sus herramientas no hayan estado donde siempre acostumbra a dejarlas? – Interrogó el detective mirando fijamente a los ojos del señor.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No…-tartamudeó- no realmente…
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Le pido que no sea reticente por favor, todo es importante, prometo reservar la fuente.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien, no me encuentro muy seguro de lo que he de decirle pero si usted promete no tacharme de loco, entonces se lo contaré.
Martínez hizo un gesto de confianza  y Don Morales comenzó su pequeño relato.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Ese mismo día del funeral de Don Roberto, cuando me retiré a mi cuarto, que usted sabe se encuentra separado de la casa, luego de un tiempo de haberme acostado me desperté al escuchar el trabajo de una persona que cavaba, se escuchaba como la tierra que se retiraba era lanzada sobre otra y como a veces el metal de la pala golpeaba con algunas piedras del terreno.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿No observó quien pudo haber sido?
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->No, la verdad tuve temor. No sabía si se trataba de una persona o de un ser desconocido, usted sabe el evento de la casa no era de lo más común y era demasiado probable recibir visitas extrañas de lugares desconocidos.

El detective que con mucho recelo escuchó el corolario de la historia del cuidador de la finca ya que descartaba toda posibilidad ajena a la realidad, decidió que había sido importante el aporte de la historia, y que debía continuar su pesquisa.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien. Muchas gracias, voy a entrar a la casa, puede usted seguir en sus actividades.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Bien. Espero haberle ayudado. ¡Que tenga un buen día!

El detective entró a la casa y lo primero que hizo fue revisar la sala donde había tenido lugar el funeral. Se quedo perplejo por unos segundos y en su cabeza rodaba como cortometraje la escena en que Dolores lloraba junto al ataúd de Roberto. Sacudió la cabeza y volvió a poner los pies sobre la tierra. Revisó una a una las habitaciones, en ninguna encontró nada, salvo en una de ellas, en la cual en un armario encontró un pañuelo que tenía impregnado un olor químico putrefacto, y se lo guardó; una túnica negra raída con una rotura pequeña en la parte inferior…

Inmediatamente recordó el pedazo de tela negra que había encontrado en la escena de la muerte de Roberto… ¡la habitación pertenecía a Aurelio!



VIII
UNA ÚLTIMA VISITA.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Qué agradable volverlo a ver después de tanto tiempo! – dijo Luffganth un amigo de Martínez de la universidad, era alemán radicado en el Ecuador
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Sí no he tenido mucho tiempo, pero como ve siempre queda para los grandes amigos! – añadió cálidamente el detective.

Como todo alemán, directo y metódico profirió secamente.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Y qué lo trae por aquí?

Martínez se incomodó por la falta de gentileza de su amigo, pero, sin embargo, su amigo sabía que había sido un mero interés el que lo llevó hasta ahí ese día. Sacó una hoja un poco arrugada de su chaqueta y se la entregó a Luffganth.

<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->Solicito una explicación de esos términos, no los entiendo por favor.

Luffganth sin siquiera regresar a ver el papel, lo tomó, lo desplegó y lo repasó con su mano; una vez que la hoja estaba en la medida de lo posible sin arrugas, la abrió. Leyó, tradujo mentalmente y trascribió en una hoja en blanco. Se la entregó a Martínez y decía:

         Causas que hacen  perder la herencia.
           
            Se puede desheredar a un legitimario sí:

            Atentare contra la vida del causante…

Una y otra vez leyó el texto.

Luego de ello ninguno tuvo interés en seguir manteniendo una conversación sobre el tema, pasaron un par de horas recordando los tiempos universitarios. Luego de ello se despidieron, y justo cuando Martínez abandonaba la oficina de su amigo, éste le dijo:
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡Martínez!
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¿Si? - respondió solícito el detective.
<!--[if !supportLists]-->-         <!--[endif]-->¡No vuelva a dañar los libros!

Él asintió con brevedad y salió…